Test drive

Prueba Renault Fluence GT

Analizamos si la nueva estética está a la altura de sus 180 CV.

Prueba Renault Fluence GT

Sobre los últimos meses de 2012, la marca del rombo nos sorprendió con una versión deportiva del Fluence, que efectivamente no se centraba en la estética sino en el motor, un 2.0L 16V Turbo de 180 caballos.

Luego de probarlo, nos llamó la atención que luciera tan parecido a los demás Fluence y pensamos que se trataba de un tope de línea en lugar de una versión picante. En esa prueba aventuramos la llegada de una variante Black Edition… y resultó que Renault cambió el Sport por el Fluence GT, que es prácticamente el mismo auto, pero con los toques estéticos pertinentes.

 

¿GT Line, GT y R.S.?

Aquí es importante aclarar que Renault divide sus líneas deportivas en tres clases:

GT Line: como en el caso del Sandero, se trata solo de la estética deportiva.

GT: Tanto la estética como la mecánica gozan de upgrades veloces.

R.S.: Renault Sport, la gama extrema de la casa del rombo como en el caso del Megane III de 250 CV.

 

Diseño

Estéticamente las alteraciones son sutiles, pero aportan ese plus de deportividad comenzando por los deflectores en los laterales del paragolpes delantero que están unidos en la parte central por un labio negro brillante.

En las puertas cambian los protectores de la parte inferior sumando faldones que van sobre los zócalos, para generar un conjunto más agresivo. En el paragolpes trasero aparece otro faldón que suma dos falsas salidas de aire en los extremos. Finalmente se suma un sutil labio en el punto de fuga del baúl.

Todas las adaptaciones constan de piezas adheridas sobre la carrocería, dando un look de tuning postventa en lugar de una verdadera creación de fábrica; una lástima ya que en el Sandero GT Line, Renault creó un paragolpes delantero nuevo.

 

Interior

El interior del Fluence GT fue el primero en estrenar para el modelo el cuadro de instrumentos digital. La relojería consta de tres cuerpos, dos de ellos pantallas y el tacómetro analógico a la izquierda. El medidor central es el velocímetro digital, con dos pequeños círculos en su base que indican nivel de combustible y temperatura del motor.

En la prueba del Fluence Sport criticamos la falta de decorados mejor pensados para esa versión, ahora en el GT hay varias mejoras como las costuras rojas que se expanden por butacas, volante y pomo de cambios en cuero, o las molduras, ahora en negro brillante con la inscripción GT. Los asientos tienen un formato más envolvente y "racing".

En cuanto al equipamiento es completo y podés ver la ficha completa de toda la gama Fluence haciendo click aquí

 

Comportamiento dinámico

Teniendo en cuenta que el Fluence GT apunta al costado más emocional, decidimos llevarlo a Autódromo de Baradero para darle algunas vueltas exigido. Sabemos que no es una versión deportiva extrema como su hermano el Megane III R.S., y eso fue lo más interesante porque fue muy fácil de llevarlo rápido sin miedo a terminar contra las gomas de seguridad.

El empuje del 2.0L Turbo con 180 CV es bueno, la carrocería se inclina levemente al entrar a las curvas y sale traccionando perfectamente pese a los 300 Nm de torque. Inclusive en los curvones se lo puede ir provocando para que saque la cola.

En la vida real es poco probable que se practiquen todas estas maniobras, pero es bueno saber que el encare con un alto compromiso con el confort deja límites amplios en caso de emergencia. En resumen, no es un GTi super rápido, pero ofrece sana diversión.

 

Conclusiones

El Fluence es uno de los sedanes mejores balanceados de su segmento, y el GT ofrece un extra de velocidad, tanto por motor como por chasis, pero sin renunciar a su compromiso con el uso diario. Sigue siendo un tope de gama, pero ahora luce como la versión deportiva que le estaba haciendo falta a la familia Fluence.

Hernando Calaza / Fotos: Ezequiel Las Heras recomienda

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